El otoño se siente con su aroma a pumpkin spice y largas tardes oscuras… los mensajes han llegado uno tras otro durante las últimas semanas llenas de cambios astrológicos que nos han tomado un poco por sorpresa, pero también un poco preparadas. Los espíritus se asoman a través del velo que se hace fino y podemos percibir fácilmente la presencia de seres que se encuentran aquí sin estarlo, hemos llegado a Samhain que es final e inicio.
La presente rueda nos ha traído giros inesperados, vientos nebulosos, incendios extensos y mares de cambio. Es momento de recoger la cosecha y retirarnos, es hora de pisar la tierra con las plantas de los pies y nutrirnos de sus raíces, sentir el latido y el sostén de la madre que nos gesta mientras la luz poco a poco se hace menos evidente en nuestros días. La comodidad puede ser abrumadora; las introspecciones son hacia nosotros en hibernación, y muchas veces podemos ignorar la sombra; sin embargo, sabemos que así como el velo entre los mundos se adelgaza, nuestra capacidad de contactar, viajar y recibir mensajes de ancestros u otras dimensiones se dispara; y es un momento muy favorable para afrontar la oscuridad propia; de conocer los espectros que habitan en el fondo de nuestro ser, de llamarlos, encararlos y traerlos a flote, mediante un proceso de viaje al inframundo, donde será necesario abandonar lo que somos para entrar en la abismal oscuridad, donde el desinterés por lo que dejamos atrás deberá ser genuino para poder gozar del beneficio de la transformación. Es el momento de ir a la raíz, a nuestra raíz, esa que es belleza y vida a la par de desolación y muerte, la que nos ancla a este plano, y a través de la cual tomamos lo que somos (agua y tierra, luz y sombra, fuego y viento, amor y miedo), lo que fuimos y lo que llegaremos a ser. La raíz nos conecta a la tierra, y nos proyecta al universo. En esta época de cosechar, recibir, apreciar y reconocer estamos a merced de nuestro lazo con el centro; con el corazón de la madre, con aquella que es oscura, a quien recibimos sabia y anciana; completa; con eones de conocimiento entre los ojos, cargada de oscuridad y de la Paz de saberlo todo, de conocer los secretos del universo, llevándolos en ella, con el corazón lleno de amor, pero siempre con la capacidad infinita de sorprenderse de la grandeza de la vida a cada minuto. Vivamos la oscuridad de la época, con el valor de transformarla en energía de la diosa; disfrutemos el ir hacia dentro para gestarnos y renacer con la completitud de quienes son uno con ella.

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